Sunday, September 17, 2017

Barbara

Si estás leyendo este post, comunicáte. Pensé en vos durante el huracán...
¿seguís en Florida?

Monday, August 15, 2016


La estafa del arte conceptual explicada por el maestro Eugenio Cuttica (32: 00)


Sunday, August 23, 2015

40


Y llegó otro fin de década. No es como otro aniversario cuando se redondea una cifra como los cuarenta. Es un momento en que uno evalúa, -y los demás asienten-, el cómo se llegó a esta edad. En lo personal, llego hecho mierda. El universo nos otorga una porción de materia, -nuestro cuerpo-, y le insufla un suspiro de energía. Desde allí, está en uno el cómo usamos ese avatar en la vida. Y es esta edad en la que tenemos que dejar de quejarnos, de achacar nuestro fracaso a cuestiones hereditarias, atávicas o ambientales, mamá, papá, o la suerte. La suerte no existe si no se sale a buscarla, y mi condición de claustrofílico me puso en suspenso frente al paso del tiempo, me abstuvo de actuar. La mía es una neurosis de lo más berreta, disfrazada de agudeza  intelectual. Un síntoma que se hace ubicuo, y que ahoga cualquier atisbo de proyecto, cualquier comienzo, que queda abortado en tripas por una autopsia precoz, por una sangría autoinflingida. La voluntad es materia prima desconocida para mí, un don como la fe, que se tiene o no se tiene, y no puedo entender a los que siempre están enfocados en algo, movidos por la premura de los plazos, o entusiasmados en proyectos. Siento que envidio la ceguera de los que todavía tienen ganas de viajar, trabajar o enamorarse. Puedo servir de consuelo al que vuelve derrotado de esas empresas,  al que quiera mirarse en las aguas calmas de mi desesperanza, al que quiera refrescarse en la sombra de mi sosegada tristeza, pero no puedo abrazarlos en el furor, en la alegría o en el entusiasmo. Tampoco puedo explicarles qué es estar en el pozo que estuve cavando estos últimos 20 años. Mi historia se escribe por omisión, mi presencia se hace palpable cuando no estoy allí. Envejezco en un cuerpo que acumula grasa en su resignado sedentarismo, pero mi escepticismo es siempre joven, siempre ágil. Se me dio el don de cincelar con el juicio las asperezas de los demás, de rellenar sus vacíos, de escucharlos, pero no puedo darles soluciones, porque no puedo solucionar nada en mí. El desaliento es un paisaje familiar ('the endless plain of misfortune'), y desde esta planicie puedo ver boludos que cabalgan de acá para allá. Yo soy el paisano que fuma, mira el cielo, y piensa 'para qué ensillar si parece que va a llover'.

Wednesday, July 22, 2015

1994



Todo era bastante más simple cuando tenía 19 años. Se podría llamar ‘síndrome del paraíso perdido’,  o los espectros de la guerra fría persiguiéndome,  pero cuando se es joven, hasta el infierno ofrece algo de sombra. Supongo que los que hoy no te dejan entrar en su Instagram porque no tenés un teléfono inteligente, o a su grupo de WhatsApp por la misma razón, cuando tengan cuarenta serán empleados de algún robot, y soñarán con acostarse al sol en alguna playa o plaza cuando salgan del trabajo, donde estarán encerrados como pollos en un criadero. El peronismo va a seguir, seguro:  como en ‘1984’ (la novela) o como en 1950 (el año) estaremos espiados por ‘manzaneros’, alcahuetes del partido,  y cada vez que los crucemos, tendremos que ponernos la manito en el pecho, como CFK cuando canta el himno. En la música, tendremos opciones como el ‘pop esquimal’, ‘la ranchera hindú’, o el ‘chamamé japonés’, un síntoma que ya se puede apreciar es este mestizaje de formas que no tienen casi contenido, porque lo fuerte de una identidad viene con lo inequívoco de una idiosincrasia, el haber hablado un solo idioma, haber conocido sólo a pares,  nacidos y criados en un solo lugar. Todo esto se perdió. Da lo mismo tributo senegalés a los Beatles, que tango tocado por hámsters.  Como en la película ‘Logan’s Run’, tendremos relojes que indicarán nuestra caducidad, detectores de obsolescencia basados en nuestro genoma, que nos indicarán cuánto tiempo  o energía nos queda como la pilita de los celulares.

En 1994 un alfajor Fantoche salía 50 centavos. Un boleto de colectivo, 45. La ropa de las chicas era bastante anodina (los noventas no habían entrado completamente, y se veía mucha prenda holgada, jardineritos, algodón, y colores pastel) Teníamos erecciones cada 15 minutos, incluso se nos paraba caminando por la calle, detrás de algún culo de mujer que se movía debajo de un jean. Las arterias nos bancaba tomar vino berreta, que salía $1,50, pero proporcionaba alucine para toda una siesta bajo el sol de invierno. 21 años atrás, no nos importaba estar solos:  la idea de la soledad nos parecía  romántica, y hasta la locura era inspiradora. Escuchábamos a los Doors, Peter Gabriel, los Beatles. Dejarnos crecer el pelo gracias a Kurt Cobain, que se acababa de suicidar, parecía un obligado homenaje. Argentina entró  al mundial en USA, pero salió saboteado por la efedrina. En una de mis largas caminatas por la costanera, encontré un gatito, lo llevé a lo de mi abuela, pero murió a los pocos días. Not a care in the world, como ahora, pero ahora sabemos que está mal. Que el paraíso en la tierra es el infierno, que no se puede vivir de hippie toda la vida, aunque algunos lo logren gracias a la política. La falsa idea de la gratuidad, del ‘vivamos con lo nuestro’, está dejando tres generaciones que se van a encontrar en las filas de los hospitales públicos, transportes, cárceles, o escuelas,  para votar,  cumplir condenas, viajar, o ser atendidos por heridas de bala, o embarazos no deseados.  Todo basado en la idea de la lucha de clases, de repartir mejor, eliminando el sistema de méritos y castigos. En las escuelas van a aprender a cagarse a tiros. En los hospitales, a verduguear a los médicos; en los transportes,  a todo el pasaje. Parece que en los cementerios se va a poder vivir mejor. Espero que todo quede registrado por algún celular.

Wednesday, July 08, 2015

Residents - OurTiredOurPoorOurHuddledMasses (1997)



Dos pintores de la antigüedad, Zeuxis de Heraclea, y Parrasio de Efeso, después de saberse rivales en su arte, decidieron competir para ver quién era el mejor. Los dos debían pintar un cuadro, a lo que Zeuxis aportó un lienzo donde se veía un racimo de uvas. Tan realista y patente era su trabajo, que los pájaros bajaban a picotear la tela, sin advertir que era un simple bodegón. Cuando Parrasio mostró su trabajo, Zeuxis se acercó a descubrir el velo que cubría el cuadro, para darse cuenta que el manto sobre la tela era el cuadro mismo. De esta historia se puede deducir una primera idea, y es la de que el arte es siempre engaño, artificio, o mímesis, imitación de la realidad. Pero si vemos el velo como la manera de indicarnos que hay algo más allá de lo evidente, descubrimos que el arte de los últimos 150 años es un engaño que se acepta a sabiendas, como un tren fantasma en el que entramos con morbo prostibulario, dispuestos al terror fingido, que se relaja en carcajadas autoindulgentes, o a la excitación furtiva de pacotilla, que se vacía en un preservativo y se tira. Y es que desde Warhol hacia aquí, ya no existen ojos desnudos o inocentes, como los de los pájaros que comían las uvas pintadas. Para acceder a una obra de arte hace falta erudición y actitud, postura de ‘yo voy a ver arte’, que es la misma actitud de ir al ginecólogo, o pagar en lo del contador. Uno ‘se prepara para’, porque el arte está confinado a tal fin, un lugar donde puede ser visto. Ya no se trata de un vitral en una catedral. Ahora es un bien de consumo, con peso neto, precio, y aditivos. La obra de arte, un bien espiritual, se volvió mercancía, y al revés, que es lo peor.
Los Residents tienen todo esto, y lo explotan. Muestran las convenciones de una banda de rock (son cuatro, tocan instrumentos eléctricos, cantan y tocan sus canciones) pero todo llega hasta allí: desde 1976 son una banda cuyos miembros aparecen tocando disfrazados con sus rostros ocultos. Hacen incógnito, o reniegan de lo que hace subyugantes a las estrellas del mass-media, lo distintivo de las celebrities: lo único de sus rasgos, lo inimitable de sus identidades. En un mundo en el que los artistas son marcas, y en el que se exalta la validez de fábrica como garantía de autenticidad, y cuando en realidad todos los productos pop se parecen, al ser sólo una máscara intercambiable, podrían ser ignotos choferes de colectivo, verduleros, o legisladores en una doble vida. Se apropian de identidades ajenas (Hank Williams, Ray Charles, James Brown, Beatles, Stones, Dylan) nunca a manera de homenaje, siempre en clave paródica desde lo gráfico, deformando una portada, como la de ‘With The Beatles’, imitándolos, versionándolos, o sampleándolos descaradamente, como al ‘Billy Jean’ de Michael Jackson. Es, a simple vista, el arte como rapiña; a simple vista, pero también lo es como oprobio, a la manera de Frank Zappa, pervirtiendo un inocente clásico del bubble- gum como ‘Teddy Bear’, aportándole un toque pedófilo inconfundible. O de iconoclasia pura, como lo hacen con el ‘Satisfaction’ de los Stones. Se trata siempre de pervertir el sentido, y volverlo extraño al oyente que ya conoce la obra versionada. Es ofrecer uvas podridas a los pájaros. Sin embargo, es el desencanto con la industria y el negocio de la música, -los verdaderos ‘descarados’- lo que los hace escribir versos como ‘Maybe if I put a bullet in my brain, They'll remember me like Kurt Cobain. And the parasites on MTV, would wipe their eyes and act like they knew me’
En este cd doble que les ofrezco en dos links, rippeados como WMA, hay simples con sus dos lados, eps, algunos temas del ‘Commercial Album’ (un disco que consiste en temas de un minuto), y ‘concentrados’ de ciertos discos, donde en tracks de más de 9 minutos, se pasa revista a LPs enteros. 


https://mega.nz/#F!hlMghRgJ!sGmFLo_3BSt0aYNgkTCjLA

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Sunday, June 28, 2015

Espacio para uno más

Maldoror, -como tantos otros que no quiero nombrar-, a través de la lisonja, la desvergonzada genuflexión, -la más abierta de las disciplinas humanísticas peronísticas-, se consiguió su lugar en el banquete, después de cebar mate durante años en unidades básicas, y jugar al sicofante solícito y obediente, y obteniendo así un crédito para abrir su propia productora. Como los tiempos eran prósperos, o así le parecía a la jerarquía de cleptómanos imperante, el mismo mensaje de prosperidad tenía que traducirse en plétora intelectual, por lo tanto, escritores y artistas se constituyeron en una élite de esclarecidos que debían indicarle su camino al vulgo, que como siempre, seguía en la oscuridad. Su querencia beatle le dictaba que le pusiera Manzana, pero la asociación con la mordida era evidente.
La productora se dedicó a filmar cine apologético al régimen, lleno de panegíricos hacia la figura del Maestro Amor, el líder de los humildes, el Descamisado Promordial, hecho a partir de una costilla de Adán, y de un buñuelo de Eva Perón. 


La primera producción, 'La Razón de Mi Vida', era una visión peronista de la historia universal, con un Noé justicialista que salvaba a todos los animales, menos a los gorilas, los que sobrevivían al Diluvio para vengar a sus congéneres ahogados. Moisés subía al Monte Sinaí y bajaba con las Tablas de los Diez Mandamientos Peronistas...todo así, hasta llegar a Jesús, que era crucificado por los gorilas romanos, etc, etc. El proyecto era muy ambicioso y fue filmado en locaciones de Mendoza, donde se filmó el Paraíso Terrenal Justicialista, y San Juan, como el desierto del Éxodo Descamisado, poblado por plagas como una araña gigante cuya cabeza calva y sus gafas mutlifacéticas y negras recordaban a una especie de cabeza del Indio Solari multípoda y que como la Esfinge, proponía acertijos al pueblo elegido tales como '¿Cuál es el perro que entrega a sus compañeros gateando las botas del lobo feroz suelto mientras el cordero atado de Lana del Rey entrega su almeja en la sopa donde la mosca nada después de joder detrás de la oreja para luego sorberla con fruición?' En estas y otras boludeces se iba el dinero del pueblo, que recibía el aluvión cultural innecesario, aleccionador, e inútil, mientras en los hospitales no había medicamentos, y esforzados ciudadanos recorrían las calles en bicicleta en busca de alguna garrafa.
             
       

Monday, June 08, 2015

Cuentos de la Calesita Embrujada


Don Nicola (o mejor dicho, su fantasma) se aburre bastante porque ya nadie va a su calesita. Una calesita fantasma aparece y desaparece en lapsos de tiempo muy cortos, y a horas en que no hay chicos en la plaza; o al menos chicos vivos. Resulta que una vez apareció un fantasma ya mayor, alto y desgarbado preguntando por el Club de los Suicidas, y que estaba seguro que era por alguna de esas calles que iban hacia el oeste. Don Nicola no conocía tal institución, pero se quedó pensando para qué existiría tal institución. Sin duda era una organización sin fines de lucro, porque se quedaría sin socios muy pronto. Aparte, ¿de qué hablarían?: '¿Qué pensás hacer el fin de semana?' Sería tan inútil e inconducente como el Club de los Procastinadores, o se daría todo por sobreentendido, como en el Club de los Telépatas: 'Que levante la mano el que sabe lo que voy a decir'.
Al rato vuelve el fantasma desorientado, y aclara, 'es por un concurso de sobrevivientes, me citaron para que hablara de mi caso'. Don Nicola lo miró más pálido que el fantasma de un albino, y cauteloso le aclaró, 'Vea, amigo, Ud es un fantasma, y no ceo que su caso cuente como sobreviviente'
El recién llegado mostró una mueca de indignación y exclamó '¡Habráse visto tal falta de respeto!¿Cómo piensa Ud que yo estoy muerto, si soy tan real como Ud?'

Don Nicola suspiró y dijo: 'Amigo, se nota que lleva pocas horas de muerto: a todos nos pasa'

- 'Es que yo me he muerto varias veces' -dijo el extraño- 'el problema es que nunca es la última vez'

El hombre se alejó, y Don Nicola pensó para sus adentros, 'algunas muertes llevan toda una vida... o varias'